más cigarros, más música, una ciudad, y qué importa si están o no los pies descalzos.
viernes, 21 de octubre de 2011
lunes, 17 de octubre de 2011
sábado, 15 de octubre de 2011
y eso
son colores alucinantes, son palabras confusas, son humos de olores diversos, son melodías ingenuas, es un trago de aquello, es un respiro profundo, es marearse y sentir las luces, eternas luces, y no entendí, y callé. son pasos sin dirección, es una guitarra clásica roja, son dedos cruzados, es una moneda que rueda en el aire con la elección final, son páginas y mil páginas y cantos desafinados y en tonos que no habrías entendido, un puente, intenté hacerte aparecer, úsalo como un puente.
sábado, 8 de octubre de 2011
ahora lo sabes
la otra noche empecé a pensar con acuarela, empecé a tratar de buscar un dibujito inexacto que pudiera regalarte, que con sus colores y su papel arrugado comprobaran todo, y nisiquiera comprobar, sino que dieran a conocer que es la mejor verdad y la más real de todas. los audífonos me ocultaban de cualquier otra cosa, y empezaron a aparecer letras con melodías lentitas, armónicas para lo que quería hacer en ese momento, para lo que quería decirte en ese momento.
el problema es que no pude encontrar ningún dibujo más que fotografías colgadas de un techo alto, tenía que subirme a los pisos rojos para subir a verlas y sonreír un rato. y es que me imagino, corriendo por la ciudad, buscando en los faroles como siempre con el sol cayéndose y los edificios sosteniéndolos y los árboles haciendo figuras en el piso que cambian con el viento, me imagino eso y un par de bicicletas, de esas clásicas, antiguas. pero cuando pienso en todo eso, nunca se viene a mi mente los números impares.
viernes, 7 de octubre de 2011
.
acurrucarme en el sillón blanco, el techo alto, la espuma de la cerveza que desaparecía y empezaba a ganar calor, los labios húmedos después de un trago y después algo de humo que nos abandone un poco más, las cosas se iban haciendo más ligeras, yo no podía parar de pensar en una cosa, una sola cosa. es un juego, solo eso, que pierdo y gano a cada momento. me gustaba sentarme en ese sillón, tirar la cabeza hacia atrás, viendo los detalles efímeros del techo lejano, y acercando el cigarrillo a los labios, para empezar a sumergirme en el sillón. las voces se hacían lejanas, y empecé de a poco a escuchar hasta sus pensamientos polilla, mentiras zapato, soledades de baño. y ahí fue cuando quise salir, fue cuando pensé que la mejor forma de arreglar las cosas es... caminar.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

