viernes, 30 de abril de 2010

413

Por casualidades extrañas fue la última persona que encontré, con la micro llena y la acción del día de darle el asiento al hombre con hijos revoltosos. Me quedé con el equilibrio de mis pies y la mano izquierda sujeta al tubo o palo (como quieras decirle) de arriba. Una pareja de extraños viajeros tras nuestro con abrigos verdes, grandes ojos, sombreros y maletas antiguas, zapatos café. Entonces empezamos a escuchar la extraña música que ponían tus audífonos deformes a mi oído, y encontramos the strokes, sex pistols (siempre he tenido un problema con ellos), artic monkeys. Te pedí que cantaras conmigo y cantabas despacio mientras yo me emocionaba con la canción y su bendito bajo, mientras el viejo canoso de al lado nos miraba y se reía aveces. Y de vez en cuando nos callabamos un rato y veíamos a la gente de afuera desde la fría ventana, como iban, como se quedaban, como escapaban.