viernes, 23 de septiembre de 2011

no te vaya a pillar el caracol.


elegí el encendedor azul, no se porqué no elegí el verde o el rojo, tenía los 7 cigarros, 25 con algo y una boleta de metro, ya en la esquina a mitad de cigarro, sólo con el cigarro en mi mano, en vez de tus dedos, en vez de tu pelo, seguí el camino ese que me gusta tanto recorrer con tus pasos, y la canción me acompañaba, y encontré a un saxo acompañado de dedos mágicos que lo recorrían y le hacían sacar las mejores notas, y un jazz exquisito, con libros, con cafés, con pájaros de papel encerrados en jaulas verdes. algunos pasos vacíos, otros decididos, otros confundidos, otros perdidos, otros lentos, ya da igual el mío, porque el humo me llegaba a la cabeza y explotaba a mis neuronas con un recuerdo, una imagen efímera que los años taparon con una capa de polvo gris, lo recuerdo, pero poco, fugazmente, sin profundizar como quisiera... recuerdo las cosas que decía para esconder el silencio, me acuerdo del pasillo, me acuerdo de la otra mirada ajena a las personas que debo recordar ahora pero por razones que no podría explicarte permaneció en mis sueños ayer. ya no quería irme al lugar de siempre entonces doblé, para sumergirme un poco en ese mar espeso de calles, y los libros, títulos, y algunos pies de páginas, algunos tan viejos, recorridos por tantas manos que había que tomar con suma delicadeza y con títulos que provocaban tocar las páginas, sentir ese olor a un escritor escribiendo en una página blanca que ahora es café y él probablemente muerto esté. y seguí, seguí porque quería hacerlo, y estaba a punto de encontrar el "café escondido" que nunca está escondido para mí, en vez de eso me topé con la banca chueca, y los tacos negros de una mujer de vestido rojo y pelo negro sonaban en el piso como gotas sobre agua, los azulejos que tapaban la pared vecina me perdían y el perro siguiéndome, otro cigarro? no, no quiero tener nada en mis manos, quiero sentirlas vacías, y los dibujos, dibujo de un caracol por la vereda, cuánto se tardó en cruzarla? me encontré con mariposas, con un café con mesas afuera con miradas diversas como peces, caminar, caminar, sin parar, para qué? pero quería, de hecho lo hice, apoyar la cabeza en el farol mirando la pantalla iluminada con tu nombre, faltaba apretar el botón, qué más da, porqué pensar tanto, pero no... la mirada de un taxista fue la que me saco de ahí, con los mismos pretextos de siempre, sin ponerme el chaleco, porque quería sentir frío también, el frío que no había sentido en todo el día. y cuando abandoné el farol, no quería ni sentir mis pensamientos, y hacía equilibrio en la acera, y veía las tapas de cerveza en el piso, ya las tenía todas. es que aún no entiendo porqué cuando llegué a escribir -el papel estaba más blanco que nunca, tú en mi mente, y yo fuera de ataúd- después de haber pensando tanto en eso, y escribirlo en mi mente la otra tarde en vez de pensar en letras, en frases, en poesías, sólo tuve una imagen en mente.