sábado, 14 de enero de 2012

(:


hay 300 millones de formas de causar una sonrisa, eso, una simple sonrisa, la persona estira sus labios finos, gruesos, etc. dejando mostrar sus dientes chuecos, blancos, chicos, grandes, con mucha encía, con grandes colmillos, con grandes paletas, etc. o quizás no los muestran y sus labios los ocultan, sus pómulos se resaltan, quizás algunos formando margaritas, los ojos se ponen diferentes, algunos se achican, formando arrugas a los extremos de los ojos, o no sólo eso, hay algo dentro, hay un brillo, cierta chispa que revela que una persona sonríe. Las sonrisas son como las olas, se forman de forma única e irrepetible y llegan a un punto en que explotan en una sensación exquisita, pero después se acaban para formarse otra vez de nuevo. Hay una sonrisa que me gusta más que cualquiera, que con sus características la hacen ser mi sonrisa favorita, es cierto, daría cualquier cosa por ver esa sonrisa, porque me fascina, no sólo por sus formas y sus detalles, sino también por todo lo que eso implica. Pero realmente hay algo que me gustaría causar más que una sonrisa, más que esa ola que va y viene.